25 de Julio de 2017
Categoría: Análisis
14.01.2017

LA ESTRATEGIA DE PETERHANSEL

Peterhansel planificando el ataque final en La Paz. (Foto: Redbullcontentpool.com)

 

Como él mismo dijo al bajar del Peugeot 3008DKR, esta “fue la victoria de la experiencia”. Claro que sí. Stephane Peterhansel ha ganado su 13ª Dakar, gracias a saber leer la carrera. Conservador en la primera semana, esperando que los velocistas y los ansiosos se caigan solos, sin siquiera presionarlos. Contundente en el momento de acelerar y poner las cosas en su sitio.

 

Los grandes rivales eran los Toyota, que habían mejorado mucho el Hilux y traían a Nasser Al Attiyah y Nani Roma para reforzar al siempre efectivo Giniel De Villiers. Los MINI no eran una preocupación grande, solo había que verificar que no hicieran un rally conservador y les dieran un susto a todos si llegaban enteros y no muy lejos a la segunda semana.

 

Ante ese escenario, la estrategia de Peugeot fue clave. Con dos velocistas y dos dakarianos de pura cepa, podían poner un anzuelo para que los rivales picaran, y así fue. Como si estuviera perfectamente planificado. Sebastien Loeb y Carlos Sainz imprimieron el ritmo rápido en las primeras etapas, y se llevaron con ellos a Nasser, el más temible de los Toyota, que salió a correrlos y se pegó. Ahí cayó también Sainz, pero en función del equipo, el daño era menor porque quedaban tres Peugeot y ya no estaba el qatarí.

 

Después se sacudieron a De Villiers y Hirvonen, antes del día de descanso, y sólo les quedaba Nani Roma a menos de cinco minutos. Hasta ese momento, Peterhansel no había salido a ganar siquiera una etapa, y se encontró con la victoria el día del abandono de Al Attiyah.

 

En cambio, salió a ganar la ida a Uyuni porque era ideal abrir camino al día siguiente, cuando la carrera bajara de Bolivia a Argentina, justo un día antes de Fiambalá. El plan de un estratega que todo lo piensa, era salir delante de Loeb para poder regular el ritmo mirándolo directamente, ya que largando tres minutos atrás, podría dejarlo acercarse, incluso dejarlo pasar, y seguir al mismo ritmo. Loeb ganaría la etapa y entraría a la etapa más temida por la dificultad para navegar, abriendo camino. Si las dificultades que prometió Marc Coma en navegación se cumplían, Peterhansel saldría de Fiambalá como líder a tres días del final.

 

Le salió perfecta la primera parte, porque efectivamente ganó la ida a Uyuni y perdió la vuelta, quedando detrás de su rival. Pero el alud en Jujuy canceló sus planes y Loeb quedó primero para largar la etapa de Chilecito a San Juan. Peterhansel debió apretar entonces, en la última etapa de navegación, donde podía ser más fuerte que su compañero. Tuvo un accidente con un motociclista que venía de frente y perdió tiempo auxiliándolo. Pero cuando retomó la carrera, impuso otra vez un ritmo arrollador. En la etapa ganó Loeb por esa detención de Stephane, pero los comisarios deportivos le devolvieron ese tiempo perdido como suele ocurrir ante estos casos, y quedó casi seis minutos adelante a dos etapas del final.

 

La definición volvió a ser de táctica pura. Saliendo adelante en la ruta de San Juan a Río Cuarto, Peterhansel soltó y esperó que lo alcance Loeb en la primera sección de la etapa, por fuera de caminos. No lo dejó pasar para no quedar tapado de tierra y arriesgarse a un susto, y Loeb le descontó 2m54s de los 3 que los separaba antes de salir. Llegaron prácticamente juntos a la neutralización. Con esta referencia, Peterhansel sabía que en la segunda parte, toda de rally, Loeb sería más fuerte, pero también sabía que al ser caminos angostos, no podría pasarlo y posiblemente padeciera el polvo en suspensión que sí había podido esquivar por otra trazada en la primera parte del especial. 

 

Loeb salió a correrlo otra vez a un ritmo sorprendente, mucho más de WRC con una hoja de ruta marcada curva a curva, que a ritmo de Dakar, donde hay que ver el camino ya que sólo se marcan los accidentes geográficos principales. Las imágenes aéreas del 3008DKR aplastando todo lo que se cruzara en su camino fueron asombrosas. Pero dos fuera de camino y una goma pinchada como consecuencia del primero de ellos, fue el precio que pagó Loeb, porque perdió casi todo ese tiempo que había descontado, y terminó ganando por sólo 18 segundos. La carrera estaba liquidada.

 

Peterhansel sólo debía ir seguro a una velocidad razonable en los 64 km del último día y quedarse con el Dakar por 13ra vez.

 

El año que Sebastien Loeb cumplió 18 años y obtenía su carnet de conducir automóviles, hacía un mes que Stephane Peterhansel había ganado su segundo Dakar en motos, en 1992. Sin dudas fue la victoria de la experiencia. Con 51 años, este francés ha vuelto a mostrarle al mundo que el Dakar se corre con la cabeza más que con el acelerador.

 

Diego Zorrero

 
 
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