18 de Noviembre de 2017
Categoría: Informe Especial
13.09.2012

SID WATKINS, EL HOMBRE QUE CUIDABA A LOS HÉROES

 

San Marino, 29 de abril de 1994. Ese viernes se estrella Rubens Barrichello. Al día siguiente, sábado 30, se mata Roland Ratzenberger. Senna va al hospital a ver a ambos, es el único piloto que lo hace. El sábado, cuando todo termina, se queda hablando con su amigo, el médico de la F1, Sid Watkins. La relación con el inglés se había estrechado en 1990, cuando Martin Donnelly se accidentó en Jerez, en las prácticas para la clasificación del Gran Premio de España. Senna había ido a verlo y le preguntó que había que hacer en esos casos. Quería saber como socorrer a un colega si un día estaba ahí antes que los médicos.

 

Dos años antes, en el Gran Premio de Bélgica de 1992, en la práctica matinal del viernes, Eric Comás se accidentó en Blanchimont, una de las curvas más veloces de Spa Francorchamps, justo antes de la chicana del Autobus. El golpe del francés fue de frente contra el guard rail externo. La rueda delantera derecha del Ligier Renault golpeó la cabeza de Comás, que quedó inconsciente en el auto, en medio de la pista, acelerando a fondo. El primero en llegar fue Ayrton, que detuvo la marcha de su McLaren, se bajó y corrió de frente al tránsito, en medio del humo, a salvar a su colega. Senna llegó al auto, lo vió a Comás sin conocimiento, cortó la electricidad del auto y detuvo el motor que estaba bombeando combustible. De acuerdo a los consejos de Watkins no lo tocó, pero le hablaba e intentaba evaluar qué tenía hasta que llegaran los servicios médicos. Como le había enseñado el doctor, Ayrton mantuvo derecha la cabeza de Comás, sin retirarle el casco, asegurándose que pudiera respirar normalmente. 

 
De vuelta en Imola '94. Tras el accidente de Ratzemberger el sábado, Watkins y Senna conversan. Senna llora. Nunca había vivido un accidente fatal en su carrera deportiva de Fórmula Uno. Watkins le pregunta a Senna porque no se retira. "Ya has ganado todo, eres exitoso, joven, el piloto más rápido del mundo, ¿Por qué no nos retiramos y nos vamos a pescar?”, le propone. Senna contesta “No puedo hacerlo, soy corredor de autos”.
 

El domingo a la mañana, Eric Comás comparte la reunión de pilotos con Senna en Imola en 1994, se sienta en la silla a su lado por primera vez en diez años de Fórmula Uno. Lo nota tan preocupado por la seguridad como estan todos, proponiendo hacer algo para mejorar la situación que tanto preocupa.
 
 
Paralelamente, a Sid Watkins le sucedía algo extraño también ese domingo. La carrera se había neutralizado por el accidente entre Letho y Lamy en la largada, luego de varias vueltas a baja velocidad detrás del Safety Car, por fin se reinició el Gran Premio con Senna delante de Schumacher. Sid Watkins contó alguna vez que “cuando dieron vía libre a los coches, Ayrton pasó al lado de mi coche médico (que estaba estacionado en la chicana antes de la entrada de boxes) acelerando a fondo. No soy de creer en premoniciones pero cuando me pasó le dije a Mario Casoni, mi conductor: ‘Tengo la sensación de que va a haber un accidente jodidamente horrible’… nunca tuve una premonición antes, ni he vuelto a tener una desde entonces. Normalmente soy inútil prediciendo nada. Pero cuando recibimos el mensaje de que había bandera roja, de algún modo supe que era Senna”.
 
 
En el habitáculo de su Larrousse, Comás llega a Tamburello, ve el auto de Senna destruido, y los paramédicos asistiendo al brasileño que había salvado su vida dos años antes. Comás frena justo adelante del helicóptero que aterrizó en medio de la recta. Mira la situación, y se da cuenta que llegó tarde, que nada puede hacer él por Senna, y que la situación es grave.
 
 
Nota: Éste es un fragmento de una la realizada en mayo de 2011, en www.RacingFocus.blogspot.com, al cumplirse un nuevo aniversario del fallecimiento de Ayrton Senna.
 
 
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