18 de Noviembre de 2017
Categoría: Opinión
15.02.2016

TATO BORES SE AGARRARÍA LA CABEZA!

 

“Mi hijo no mira una carrera de autos pero sí juega una en la consola de juegos. O no mira un partido de futbol, pero sí se la pasa jugando en la consola. Lo más curioso es que si invita a jugar a varios amigos, cuando no le toca jugar, tampoco se queda mirando. Como mucho está tres minutos y se pone a hacer otra cosa”… Si usted que lee estas líneas tiene hijos, nietos o hermanos en edad de 8 a 15 años, probablemente se sienta identificado con este comentario. Si no tiene hijos o contacto con niños de la edad mencionada, sepa que ese es un comportamiento casi normal en nuestros chicos.

 

La atención de los niños y adolescentes de este tiempo es muy intensa pero breve a la vez. Y por si falta algo, es múltiple, porque mientras juegan con un simulador, están escuchando lo que hablan todos quienes están a su alrededor, y si llega a estar prendido el TV, también miran el programa que se esté emitiendo.

 

¿A qué viene esto? Intentemos pensar en qué punto, esa niñez/adolescencia de hoy, será la que consuma automovilismo. En qué punto o en qué momento, pero especialmente cómo haremos para que lo hagan.

 

¿Lo harán? ¿Cuántos de ellos? ¿Conocemos cuál es el público que consume automovilismo realmente?

 

Mirando una carrera de TC, la única que llena autódromos hoy en día, deberíamos notar que el público es casi tan tradicionalista como el TC mismo. Si, va familia, van grupos de amigos, van padres con hijos, y hasta con nietos. Pero todo, absolutamente todo, es parte de un movimiento tradicional, que transmite pasión de boca en boca.

 

Hace unos días, en la carrera de Fórmula E en Buenos Aires, un amigo con su hijo adolescente, se cruzó con. Estéban Tuero. Mi amigo saludó al ex Fórmula Uno, pero apenas se fue, su hijo le preguntó:

 

“¿Quién era ese?”

 

-“Estéban Tuero, hijo, el que corría en Fórmula Uno”.  

 

“¿Ese señor es Tuerito?”, fue la respuesta del niño.

 

Apenas unos días después, en la Conferencia de Prensa de presentación del Turismo Nacional, un joven de 16 años le preguntó a un periodista:

 

“Perdón, ¿Quién es ese señor canoso en la mesa?”

 

-“Ese es Tito Bessone pibe”.

 

“Ah! No lo conocía”.

 

Este sábado, mirando la clasificación de Turismo Nacional, veo a Tito en un reportaje en TV, con el buzo antiflama del año pasado, que lleva el logo de Ford bordado en el pecho. Se me ocurrió twittear que a pesar de correr con Mitsubishi, Tito todavía sigue llevando el óvalo en el corazón.

 

Un joven desde Neuquén me preguntó “¿De Ford?”

 

Claro, Bessone fue campeón con Dodge y luego corrió con Torino, pero eso fue de 2003 en adelante, y para un chico de 15 años, no hay manera de asociar a Tito con Ford. Lamentablemente, la rica historia de uno de los referentes más fuertes del óvalo en la era moderna, no es conocida por los nuevos consumidores.

 

Tres reflexiones que me llevaron a un solo pensamiento. La historia no se ha contado, no se ha transmitido, al menos no correctamente. No estamos hablando de desconocidos, sino de un argentino que corrió toda una temporada completa en Fórmula Uno, o del gran rival de Juan María Traverso en las décadas del 80 y 90.

 

¿No deberíamos conectar estas dos situaciones con la notoria baja de concurrencia de público a las carreras o de la merma de rating en las transmisiones en vivo?

 

¿Cómo lo conectamos? ¿Qué relación tienen entre sí?

 

Me quedé pensando, especialmente porque un viejo conocido me hizo alguna pregunta por estos días relacionada con lo que le pasa al automovilismo argentino.

 

Lo primero que hice fue decirle que no es sólo el automovilismo argentino, pero después pensé que “mal de muchos consuelo de tontos”, como me enseñaron de chico.

 

Cada cual deberá pensar qué hacer, y de hecho la Fórmula Uno lo está haciendo.

 

Otro amigo me dijo un par de meses atrás, que el tiempo que pasó ya no puede volver, tenemos que mirar para adelante. Volver atrás es imposible físicamente, por algo será. Acaso porque tenemos que entender que en ningún aspecto es bueno volver atrás.

 

Mil ideas se me cruzaron por la cabeza, y por si fuera poco, llegó la Fórmula E a Buenos Aires por segunda vez, y tuve la invalorable oportunidad de compartir un almuerzo con Alejandro Agag, CEO de la Fórmula E, gracias a una invitación de los buenos amigos de DHL Express Argentina.

 

De pronto, me encontré con tanta información, y tantas preguntas, que decidí salir a buscar pistas.

 

Le pregunté a una amiga:

 

“A vos que no te interesan las carreras de autos, ¿Qué debería pasar en una carrera para llamarte la atención como para que quieras verlas?”

 

-“Que choquen!”, me contestó.

 

Fui a buscar a otro amigo, con muchos años en el mundo del TC. Bien adentro del TC.

 

“No nos damos cuenta que el público que aumentó el año pasado respecto al anterior, no es lo que tenemos que mirar. Porque hace diez años era mucho mayor. Ese es el número que debemos usar para ver cómo nos va. Nos estamos mintiendo a nosotros mismos. El público es el mismo, no se renueva, y el paso del tiempo es inevitable. Si no nos ponemos a mirar hoy, qué debemos hacer para que dentro de diez años tengamos público joven, dentro de 15 años nos quedamos solos.”

 

Me fui más preocupado, me acordé de Tato Bores. ¿Se acuerdan? Miraba ciertos acontecimientos, y se asustaba, entonces iba a hablar con alguien importante, pero después de escucharlo se agarraba la cabeza. Entonces iba para el otro lado, y lo que escuchaba era peor, y en lugar de tranquilizarse, se iba más preocupado todavía.

 

Fui a la carrera de Fórmula E, miré la cara de la gente, no era mucha, es cierto, pero no era gente de automovilismo. Y en lugar de pensar que había pocos espectadores, pensé al revés, esa gente, 5.000? 8.000? No creo en los 17.000 que comunicaron oficialmente, es quizás nueva gente que se suma al automovilismo. Pensémoslo de ese modo. No es lo mismo que haya sólo 5.000 personas en Fórmula E, a que haya sólo 5.000 espectadores en una carrera de cualquier categoría nacional. Esta es nueva gente que llega al deporte… pero a esta versión del deporte, ojo.

 

Le pregunté a algunos pilotos que estaban en la grilla:

 

“Que opinan de la Fórmula E, les gusta?”

 

-“No, para nada.”

 

-“No, no me gusta.”

 

-“¿La verdad? No, esto no es automovilismo.”

 

Tres respuestas inesperadas. Más preocupado todavía.

 

Miro otra vez los indicadores. Las alarmas. El rating ha bajado. Las carreras especiales no han elevado la atención o expectativa para las siguientes carreras, o sea, no han dejado huella profunda. Miraba el STC2000 y esa carrera final con siete candidatos al título que no logró despertar el interés que hubiera sido lógico, o la última de TRV6 con tres candidatos empatados, o las del TN con todos los campeonatos con tres o cuatro aspirantes a la corona en la carrera final, y pensé que sólo el TC se salvaba. Pero eso era por 2015, hasta podría decirse por 2016 o 2017.

 

¿Y después?

 

Se terminó Automovilismo Para Todos. Ya sabemos que los 90 millones anuales ahora serán 50, y sólo por 2016, ya no más.

 

¿Qué se hizo mal para que una oportunidad única como esa, del estado apoyando directamente con dinero el automovilismo, se haya perdido cuatro años después? Probablemente todo. Absolutamente todo se haya hecho mal.

 

Porque aunque haya sido un mecanismo de propaganda política, o puro populismo, se podría haber aprovechado. Lamentablemente, ahora es tarde. Podemos decir que esos millones podrían haber sido usados para mejorar la infraestructura de los autódromos argentinos, que podrían haber dejado algo que fomente el deporte estructuralmente, o que podrían haber sido utilizados para que creciera el interés de más gente por el automovilismo, no fueron para eso. Fueron para intereses parciales. ¿Se usó para modernizar el TC? No lo podemos aceptar. ¿Por qué razón el estado tiene que sostener el desarrollo de un motor más moderno que los pilotos después terminan pagando igual?

 

¿Se usó para comprar el móvil de TV más moderno de Argentina para televisar automovilismo? Pues que sea para todo el automovilismo, no para una o dos categorías. ¿Se usó para apoyar la categoría menor del TC, la formadora de pilotos? Se debió usar para fomentar el karting, donde los padres son los patrocinantes, o la Fórmula Renault, de donde salieron todos los campeones también entonces. Pero nadie controló.

 

Antes, la gente iba a una carrera de autos porque probablemente era el evento del año en su zona. Ahora hay tanto entretenimiento, apenas en el celular o en el living de cada casa, que ir a un autódromo en el que si llueve todo es barro, si hay mucho sol no hay un solo árbol, o los baños son en el 80% de los circuitos, un verdadero asco, que la gente va una vez, y después se queda en casa. Total la pueden ver por TV más confortablemente y sin gastar dinero. El asado en el circuito se puede hacer también en casa…

 

La pregunta es si seremos capaces de ver que el automovilismo tiene que conectarse con las emociones y el entretenimiento directo de la gente, o si seremos capaces de ver qué buscan los jóvenes, es decir dónde ponen su interés los consumidores del futuro. Si no lo hacemos, quizás terminemos como testigos de un éxodo muy triste por un lado y no tendremos nada que ofrecer por el otro.

 

Una señal. Visa, la tarjeta de crédito, no estaba en el automovilismo sino en el Mundial de Futbol, la NFL y los Juegos Olímpicos. Pues ahora está en la Fórmula E como Main Sponsor, nada menos. No la Fórmula Uno, la Fórmula E.

 

Podemos seguir mirando a nuestro folklórico TC y creer que no se terminará jamás porque está en el libro Guinness de los récords mundiales. Podemos seguir creyendo que haciendo carreras especiales estaremos innovando, o inventando formatos de campeonatos extraños para que no se defina el campeón hasta la última carrera, salvamos la ropa. Podemos seguir creyendo que la gente va a seguir siempre ahí, pagando la entrada para estar detrás de un alambrado, cuando hoy elegimos a qué cine ir según si tiene butacas más cómodas o sonido de mejor calidad que otro.

 

Porque una carrera de autos puede salir muy emocionante o muy aburrida, y eso es parte del deporte, pero la gente tiene que ir porque vale la pena, la pasa bien, se entretiene todo el tiempo, sabe qué está mirando, lo entiende, interactúa… si, interactúa.

 

Una muestra es el Turismo Nacional. Crece cada año, brinda grandes espectáculos en casi todas las carreras, suma más y más pilotos de renombre, está cada vez mejor. Pero el rating sigue siendo bajo, y la cantidad de espectadores no termina de llegar a valores acordes a semejantes carreras que brinda. Hay que mirar otro aspecto quizás, no lo sé.

 

Es que es muy difícil saber qué hay que hacer. Nadie tiene la receta para asegurarse el éxito. Pero bien podríamos pensar un poco más allá de hoy, de mañana, del año que viene.

 

En San Juan tenemos el mítico autódromo “El Zonda - Eduardo Copello”, pero están construyendo otro autódromo a pocos kilómetros. Y no es un óvalo, como alguien había ideado. Esa hubiera sido una idea pensando en futuro. En un óvalo, la gente está cómoda, ve toda la vuelta, siente le velocidad a pocos metros, ahí nomás, y las carreras tienen accidentes, esos que quienes no conocen mucho de carreras creen que sería lo que les podría interesar de este deporte, con mucha seguridad. Eso sería mirar un poco más allá.

 

Si Tato Bores estuviera acá y fuera capaz de analizar el automovilismo argentino y su problemática, seguramente estaría agarrándose la cabeza…

 

Diego Zorrero

 

 
 
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