25 de Julio de 2017
Categoría: Opinión
26.10.2016

GUERRIERI - TTA: NOS FALTA SABER ALGO MÁS

 

Las palabras muchas veces son una explicación. Otras veces, un adorno que solo complementa un hecho. Y otras, más de las deseables, un intento por desviar el cauce de un pensamiento en otra dirección.

 

Lo que pasó en el equipo Toyota Team Argentina en San Juan, tiene dos de esos elementos, el hecho de la victoria de Esteban Guerrieri contra la voluntad de su equipo, y las explicaciones que dio cada parte respecto a la orden para que Matías Rossi ganara la carrera por sus chances matemáticas al campeonato 2016 de Súper TC2000. De las intenciones por tergiversar elementos de lo sucedido para quedar mejor parado, poco se puede decir, es tan subjetivo como improbable. Tanto de una como de otra parte. Y es caer en la trampa de la manipulación anclarse en los supuestos.

 

Lo que no se puede desconocer es quién es quién en esta historia. Y así como el Toyota Team Argentina es una empresa dedicada al deporte motor con una trayectoria y una seriedad mayúscula, Esteban Guerrieri lo es también como piloto profesional.

 

Hay dos caminos cortos, que no se comprometen demasiado con una situación que no es nueva en el mundo de las carreras de autos, más bien es bastante frecuente. Se puede tomar la postura de apuntarle todos los cañones a Guerrieri, tratándolo de poco profesional, egoísta y hasta de traidor. También se puede tomar la postura de atacar las órdenes de equipo, tan nocivas para el deporte y especialmente el espectáculo. Cualquiera de esas dos posturas tiene su valor para quién la adopta. Pero se puede intentar una mirada un poco más lejana, que saque la vista del árbol y vea el paisaje. Porque cuando se trata de profesionales, eventos como el que ocurrieron no pueden ser tomados a la ligera.

 

Y como muestra vale un ejemplo. Carlos Reutemann desobedeció una orden de Williams en el Gran Premio de Brasil de 1981, ganó la carrera a pesar del cartel que indicaba que debía dejar pasar a Alan Jones, su compañero de equipo y piloto número 1. Si uno ve la desobediencia en sí misma, está mal. Si uno sabe qué había pasado en Long Beach, con aquella extraña pasada de largo en la chicana que intercambió los puestos entre el argentino y el australiano para que gane éste último, entiende que a Lole, le estaban tocando el orgullo deportivo. Punto. Es sólo un ejemplo para entender por qué vale el entorno para un análisis más objetivo de una situación.

 

Sin que eso signifique tomar partido por Guerrieri, ni mucho menos, a quién escribe estas líneas le cuesta entender que un profesional formado en Europa, con método de trabajo y absoluto respeto por un equipo de competición como pocos pueden acreditar en nuestro automovilismo, lisa y llanamente tire todo su prestigio por la borda así porque si, por sólo ganar una carrera. De hecho, Guerrieri no está acostumbrado a ganar carreras últimamente, y siempre ha sido, acaso como una coraza, bastante frío para analizar sus resultados. Más bien, por esa misma formación técnica que tiene, ante un tropiezo siempre se ha puesto a evaluar las razones o buscar las explicaciones, con el objetivo claro de superarse si el error es suyo, o de encontrar el camino con su equipo si es un tema externo a su manejo. Pero también lo hace cuándo tiene éxito. Sobresalió en la fecha argentina de WTCC, y lejos de hacer prensa de su resultado, se dedicó a pedir que exista un compromiso de alguna institución para que los jóvenes talentos argentinos, encuentren el modo de triunfar en el exterior. No pensaba en él, “yo ya hice lo que hice y el camino ya se ha recorrido, lo importante es que a los próximos pilotos que lo intenten, no se les cierren las puertas del automovilismo internacional por falta de apoyo de su país”, no se cansaba de repetir. Ese es Guerrieri.

 

Alguna vez, charlando informalmente, Matías Rossi ha dicho que le asombra la capacidad de buscar hasta el mínimo detalle que tiene Guerrieri para sentarse horas delante de una adquisición de datos en busca de entender dónde y cómo son las diferencias de conducción entre ambos.

 

Entonces, en lugar de señalar con el dedo acusatorio, podríamos tratar de entender qué puede haber pasado para que él parezca el “malo de la película”, como si repentinamente hubiera enloquecido, a punto tal de traicionar sus principios, a su equipo, y a la vez a un amigo, que eso es, o era, Matías Rossi hasta el domingo en El Zonda.

 

Si empezó esta nota hablando de un valor muy importante, el profesionalismo, ahora se agrega otro: la amistad. Dicen que en la pista no existe la amistad. No debería ser así en todos los casos, aunque coincidamos que muchas supuestas amistades se han destruido en una maniobra. Pero en este caso sí había amistad de por medio.

 

Ahora, si Guerrieri y Rossi son amigos, a punto tal que Rossi estuvo haciendo un trabajo de hormiga para que Esteban tenga una butaca en otro equipo oficial en 2017, estimando que podría quedar libre en Toyota. Si sabemos que Rossi ha ayudado a Guerrieri a adaptarse al STC2000 estos tres años en el TTA, y hasta que lo ha invitado a compartir los 500km de Turismo Carretera que ganaron en Olavarría. Y si sabemos del profesionalismo de Guerrieri, y sabemos que la decisión del equipo era que en San Juan ganara Rossi, ¿Qué nos llevaría a pensar que Guerrieri no cumpliría la orden de Darío Ramonda? 

 

Hechos concretos. Pocos minutos antes de ir a la pista para largar la Final, dos horas después de haber corrido las series que ganaron cada uno de los pilotos de Toyota, Darío Ramonda convocó a una reunión con los pilotos e ingenieros para comunicar la decisión de propiciar la victoria de Matías Rossi.

 

Al enterarse de la noticia, Guerrieri preguntó por qué estaban aplicando órdenes de equipo si a la mañana no las había habido. Se le respondió que sí, que habían dado órdenes a Matías Milla para no atacar a Rossi, y a Rossi de no correr contra el tiempo total de Guerrieri, ganador de la primera serie, ya que al largar ambos autos del equipo en primera fila, era un tema que se podía manejar puertas adentro.

 

Guerrieri preguntó entonces cómo querían hacerlo, a lo que Ramonda contestó que ese era un asunto que debían resolver ellos, que son los que van arriba de los autos de carrera, pero que era importante que lo hagan en una situación que no ponga en peligro el resultado respecto a Facundo Chapur.

 

Ramonda dice que explicó puntualmente que no quería que Chapur quede a la cola de Rossi, y que ese era el punto en el que debían cambiar los puestos. Guerrieri dice que eso no fue así. Aquí hay una diferencia entre sus testimonios.

 

Carrera. En la vuelta 3 el ingeniero de Guerrieri se comunicó por radio por primera vez y le dijo a Esteban que necesitaban hacer lo que habían hablado. Guerrieri no contestó.

 

En la vuelta 6, se repitió el mensaje de radio. Guerrieri no contestó.

 

Entonces se produjo la primera neutralización de la carrera en la vuelta 10. Y nuevamente el ingeniero de Guerrieri le habló del tema. Esteban, visiblemente molesto, contestó que no quería hablar del tema y que él iba a cumplir la consigna cuando lo considerara apropiado.

 

La carrera se relanzó y Guerrieri siguió en punta, pero una vuelta después se produjo el accidente de Urcera y Canapino. En esa nueva interrupción de la carrera, su ingeniero le comentó que necesitaba volver a hablar del “asunto ese”. Guerrieri aceptó hablarlo. Pero ante el reiterado pedido de ceder el puesto porque Rossi estaba comprometido por Chapur, la respuesta fue otra vez tajante. Guerrieri muy fastidiado, volvió a decir que no quería que le dijeran más lo que tenía que hacer, que él estaba ahí corriendo, que es para lo que lo han contratado, y que él decidiría cuándo darle el puesto a Rossi, y repitió que iba a  cumplir la orden tal como lo había dicho anteriormente.

 

Quedaba una última comunicación por radio, cuando se accidentó Javier Merlo. Ramonda, preocupado por un toque de Chapur a Rossi en la chicana, mandó a preguntar a Rossi cómo venía. El Director General del TTA dijo que Rossi respondió que venía frenado por el ritmo de Guerrieri, y que necesitaba ir más rápido. Le dijeron a Esteban lo que Matías estaba pidiendo, o sino tendría que intentar pasarlo. Guerrieri, muy ofuscado, pidió que no “lo jodan más” con ese tema. Después ya no contestó la radio.

 

Entraron a la última vuelta y Rossi se tiró a pasar a Guerrieri en la horquilla. Se tocaron y Rossi salió perdiendo porque lo pasa Chapur para dejarlo tercero. Ya no podría recuperarse, y en la última vuelta, en la misma horquilla, Guerrieri se pasó levemente y Chapur lo apareó por adentro. Fueron casi a la par hasta la llegada, y ganó Guerrieri por 3/100.

 

Ahí se desató la tormenta. Darío Ramonda acusando públicamente de falta de profesionalismo a Guerrieri, quien se enteró al bajar del auto de boca del propio Rossi, que nunca le habían avisado que él había dicho en reiteradas oportunidades que lo dejaría pasar, tal como era el plan de carrera conversado antes de largar. Rossi le dijo que a él sólo le dijeron que Guerrieri no respondía la radio y por eso fue por la carrera.

 

Guerrieri mira un poco más allá. No se queda en la anécdota. Pasaron tres años en el TTA, y él ha sido siempre profesional. Nunca hizo algo contrario a la voluntad del equipo, porque ese es el compromiso de un piloto profesional.

 

“Nos fuera bien o mal, yo soy el único que en todo este tiempo, se tomó el trabajo de ir al taller del equipo después de cada carrera, pagándome mi viaje, para analizar cada detalle del fin de semana que pasó. Porque creo que en el análisis objetivo de las cosas que pasaron en una carrera está el progreso. Siempre fui honesto y frontal, y eso significa que a veces diga cosas que a algunos les puede dar cierta incomodidad. Si el equivocado era yo también. Sólo que yo lo acepto, no sé si todos están dispuestos a asumir sus responsabilidades cuando las cosas no salen bien.”

 

“Yo sabía perfectamente lo que pasaba con Matías y Chapur. Pero por sobre todas las cosas, yo sé muy bien cómo corre Matías, como defiende una posición, sé que lo pueden correr tres días seguidos y no lo van a poder pasar. Sólo si se equivoca, claro, pero es muy difícil que eso pase. Matías es el número uno y sabe cómo defender el puesto. Eso mismo que hizo él con Chapur, lo estaba haciendo yo con él. ¿O no lo han visto correr así a Rossi decenas de veces? Y además, yo sabía muy bien quién es el otro piloto. Es Chapur, que no iba a hacer ninguna maniobra desleal. Si en lugar de Facundo el piloto que estaba detrás de Matías era otro con el que tuviera dudas, no habría dudado en ceder el puesto antes. Yo estaba corriendo con Matías. A él no le gusta que le regalen nada, lo puedo asegurar. Era una carrera de autos y de pilotos, como nos gusta correr a los dos. Y si llegábamos al final y no me había pasado, yo le iba a dar el puesto como sé hacerlo y como me comprometí a hacerlo. Yo tengo palabra, la tuve siempre, y no dejaré de tenerla. No me dejaron demostrarlo, no confiaron en mi.”

 

Al equipo le servía tener la victoria fácil, con Guerrieri dejando paso a Rossi y escoltándolo hasta el final. Aprovechaban el abandono de Canapino y recuperaban las chances de luchar por un campeonato que hasta la carrera anterior consideraban inalcanzable. Es lógico que pidan que gane Rossi. Cualquier equipo hubiera hecho lo mismo. Quizás no es tan comprensible que ante el panorama posterior a las series, con ambos autos en primera fila y Matías Milla en la segunda, no mantuvieran una reunión más extensa, con más tiempo para programar cada movimiento que convenía hacer para asegurar el resultado que necesitaban. Dar una directiva a último momento habiendo tenido al menos dos horas para hacerlo consensuada y organizadamente, y sobre todo si esa decisión es que el poleman no puede ganar, al menos vale para considerarlo al hacer la autocrítica. Más allá de la decepción con la actitud de Guerrieri, el equipo TTA seguramente revisará cada paso que dio. Así como sin dudas lo habrán hecho en Mendoza 2012, cuando Rossi tocó a su compañero Werner en la primera vuelta de la carrera y pasó a la punta, siendo que Werner estaba mejor en el campeonato que terminó ganando “Pechito” López. Era septiembre. Ese día Rossi puso en riesgo el resultado de ambos Toyota y perjudicó a su compañero, pero nadie dijo nada, se habló puertas adentro. Un contraste que al menos resalta lo extraña que es la situación con Guerrieri.

 

Entonces me animo a preguntar en voz alta si la relación entre Guerrieri y Ramonda no estaba fracturada desde bastante antes que el domingo al mediodía en San Juan. Y me animo a preguntar en voz alta si esa misma fractura, de la que sólo ellos pueden dar cuenta o no y conocer las razones eventuales, no fue la que llevó a Ramonda a comunicar la orden con poco tiempo para evitar que quedara la puerta abierta como quedó, y a Guerrieri a dejar expuesto en pista que quería ganar, y que si no lo hacía era porque no lo estaban dejando.

 

Por último, vuelvo a los pilotos. A los ultracompetitivos pilotos del TTA. A Guerrieri le gusta “correr” las carreras, y ganarlas cuando pueda, como todos los pilotos, pero es profesional y ese ha sido siempre el límite para él. A Rossi también le gusta ganar un “mano a mano”, y más aún si es en El Zonda y contra su amigo Esteban Guerrieri, me animo a agregar desde el teclado de mi computadora, conociendo a los actores de la historia.

 

¿Habrá sido algo de eso lo que pasó en realidad?

 

Me falta una pieza del rompecabezas…

 

Diego Zorrero

 
 
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