25 de Julio de 2017
Categoría: Noticias
05.01.2017

EL NUEVO DAKAR BUSCA SU RAIZ

 

Sonó el teléfono en Barcelona. Atiende Marc Coma, que está a punto de pasar de la moto al auto, siguiendo a su archirival, Cyril Després.

 

"Hola Marc ¿Cómo andas? ¿No te gustaría pensar si en lugar de firmar para Toyota y saltar de la moto al auto, te vienes para ASO y nos ayudas a recuperar la aventura de los Dakar?"

 

La conversación es sólo un invento pero intenta captar la idea. Cuando Etienne Lavigne le ofreció al catalán que se hiciera cargo de diseñar la ruta de la carrera más dura del mundo, tenía esa misión.

 

La llegada de pilotos de WRC y Motocross a los Dakar no era nueva, de hecho, Ari Vatanen, Juha Kankkunen y Carlos Sainz llegaron en los 80 y 90, pero la cantidad aumentó considerablemente en los últimos años, acaso en respuesta a esa idea de carrera rápida, con mitad de recorrido por desierto, pero mitad por caminos de rally. Por otro lado, la tecnología, esa maravilla que cada día inventa un nuevo modo de hacer más simple algo complejo en todos los aspectos de nuestra vida, también aportó un cambio enorme a los Dakar. Incluso para facilitar la navegación.

 

Pareciera que unos antes, otros después, pero todos le habían tomado el tiempo a la dificultad del Dakar, al menos en lo técnico. La única posibilidad de complicarles la vida, es en la conducción y las sorpresas.

 

Con esa misión, Coma aceptó la invitación, se sacó el buzo de moto, colgó el casco, y tomó el Dakar de 2016 ya hecho por David Castera, que había renunciado para navegar a Cyril Després en Peugeot.

 

Recién este Dakar es puro Coma. Y como ha dicho tantas veces como pudo, la idea es recuperar la dificultad, volver a la aventura de la navegación en contra de la velocidad. A los caminos difíciles, se sumaron los nuevos way point ocultos, secretos, llamados Control. Esos no se ven ni indican dónde están, y deben ser buscados hasta que saltan repentinamente permitiendo que se salga en busca del siguiente. Los dakarianos originales lo festejaron desde el principio y estaban ansiosos por descubrir de qué se trataba.

 

Claro que hay puntos en contra que no puede resolver Coma, por más ganas que tenga, como atravesar grandes llanuras por las que la carrera debe pasar para unir los puntos por los que debe transitar. Largar de Paraguay, entrar a Argentina para subir a Bolivia, lo obligaba a ir por Santiago del Estero. El tema era cómo encontrar las dificultades.

 

La etapa 1 fue corta, un prólogo, un shakedown, pero los hizo pasar por una zona de trial, con piedras angulosas y agua, que puso una pequeña dosis de peligro inesperado. Era la muestra para que tomen en serio eso de “el Dakar más duro de todos los sudamericanos”.

 

La etapa 2 fue una sucesión de largas rectas de tierra y calor abrumador, que pareció monótona y fácil, pero que tenía una dificultad escondida. Repentinamente, enormes charcos, casi lagunas en medio de esas eternas extensiones de camino polvoriento, sorprendían a los participantes, que debían bajar de arriba de los 170 km/h a los que venían para no accidentarse. Esos charcos mojaron los autos y cuando volvían a las rectas secas, quedaban completamente camuflados de barro seco que tapaba la visión, pero especialmente los radiadores. Los motores, que ya venían calientes, se sobrecalentaban y los participantes debían parar a limpiar, o aminorar la marcha para que soportaran los motores.

 

De los 50°C del martes, a subir a 5000 msnm el miércoles, y soportar frío y tormenta eléctrica. De caminos llanos y polvorientos, al primer fuera de camino de puro fesh fesh y en el mismo día unas impresionantes quebradas en los Valles Calchaquíes. A los way point ocultos, la exigencia para el físico y para la mente.

 

Hay quienes leyeron este nuevo Dakar correctamente y quiénes no. Y está la fortuna, que en esta carrera es un poco más importante que en otras competencias de motor. Encontrar un badén en medio de una recta y salir volando por el aire es una cosa. Encontrar una piedra debajo de un metro de talco es otra. Arrancar una suspensión contra una roca es una cosa, y saltar y que se quiebre el eje trasero es otra.

 

Sólo los participantes saben cuán lejos o cerca estuvieron de un serio problema, o cuánto pudieron hacer para evitar el que hayan padecido.

 

La carrera se quedó pronto sin pilotos que van rápido, y en cambio sigue adelante con los que esperan encontrar el ritmo con el correr de los días. Nasser Al Attiyah ganó la primera etapa y el segundo fue Xevi Pons. Al día siguiente el Ford del español se pegó muy fuerte y abandonó. Dos días después Nasser arrancó una suspensión trasera completa de su Toyota y abandonó también. El primer día, el brasileño Marcelo Medeiros ganó la etapa, el tercer día se accidentó. El segundo día Martin Van Den Brink arrasó en Camiones con el Renault. El tercer día desapareció.

 

Los conocedores del Dakar dicen que aún los más experimentados deberían iniciar cada año sin mirar el tiempo y el puesto en las primeras etapas. El Dakar les va sacando gente de adelante sin que ellos tengan que esforzarse por pasarlos.

 

Lo que ocurre es que en los últimos años, la velocidad era demasiado importante.

 

¿Vuelve la pregunta? ¿Habrán leído bien los mensajes que Marc Coma les mandó en estas primeras etapas?

 

Carlos Sainz y Sebastien Loeb son de ir a fondo, y así les va a veces. Stephane Peterhansel todo lo contrario, igual que Giniel De Villiers y Nani Roma. Orlando Terranova, que era frecuentemente de los que salía más rápido de lo aconsejable, parece haber iniciado el rally con otra mentalidad. Mucho más cauto, mientras sus dos compañeros de MINI, Mikko Hirvonen y Jazeed Al Rajhi, parecen ir asumiendo más riesgos.

 

¿Y en las motos? ¿Podrá dominar su ansiedad de victoria postergada Joan Barreda Bort sin cometer excesos que permitan a KTM seguir ganando el Dakar sudamericano? Salió tranquilo los dos primeros días, mientras Toby Price pagó caro precio a la velocidad del día 2.

 

Cada día puede haber sorpresas, como en todo Dakar, pero este año quizás haya algunas más. Cambio el código de la carrera. Veremos cómo sale.

 

Diego Zorrero

 
 
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